Días grises, sin razón… Que se van y vienen, que existen, y de repente
se desvanecen… En los que sientes que esconderse es la mejor manera de escapar,
que el mundo se te queda corto para huir de tu propia cabeza, y que a pesar de
que no quieras, hay algo que comprime tu alma y la hace permanecer dentro de un
cuerpo débil y demasiado diminuto para tales ansias de libertad. Vuela, corre
por favor, ya que yo no puedo, te dejo ir, ya no te quiero si no eres feliz. Me
quedo demasiado pequeña a tu lado, y este mundo que consigue desordenar mi
cabeza y mi ilusión se está volviendo contrario y loco, o yo estoy empezando a
ver una realidad que ha pasado de ser traslucida a chocante y transparente. Darse
cuenta de que vivimos en un mundo donde nos escondemos para hacer el amor
mientras la violencia se practica a plena luz del día consigue ahogarme en un océano
de lágrimas angustiosas…
Horas para que se termine el día… Y
llegue otro día igual que el de hoy, y el de ayer.
Mía.


















